Por Franklin Onésimo Tavarez Sánchez, M.A.M.
Santiago.- La existencia de organizaciones políticas, empresariales, gremiales, comunitarias y de cualquier tipo, no tiene razón de ser si sus dirigentes no son capaces de unir voluntades, criterios y planes con el resto de instancias similares en el país, ciudad o región donde se encuentren enmarcados, sin que con ello signifique que pierdan sus identidades propias.
Es que los líderes no deben animar resabios, rencores o enemistades que los lleven a poner sus intereses personales por encima del bienestar colectivo y en esa meta cualquier sumatoria y consenso temporal debe ser entendido y asumido si trae consigo planes, proyectos e iniciativas que beneficien al colectivo.
El primero entender la unión de fuerzas, incluso las antagónicas, fue el Doctor José Francisco Peña Gómez, quien orquestó los más variados acuerdos en su plan de un GOBIERNO DE UNIDAD NACIONAL y de igual modo en esos mismos tiempos lo hizo el Partido Alianza Por La Democracia -AHORA P.R.M.- cuando pactó con Leonel Fernández aun en contra de Peña Gómez (que en ese entonces estaba vivo), porque los líderes de la A.S.D. posteriormente denominado P.R.M. entendieron con RAZóN O NO, que dicho acuerdo les beneficiaba o a su visión de País.
Ese mismo tipo de alianzas son las que en la víspera han asumido el Ingeniero Miguel Vargas Maldonado y el presidente Medina, logrando consensos en áreas de interés nacional, las que debemos mirar esperanzados, bajo el entendido de que el P.L..D, el conglomerado blanco ni mucho menos las otras fuerzas políticas pueden lograr de manera independiente y solitaria alcanzar el poder o retenerlo para desde esas instancias acrecentar y mejorar un proyecto de nación.
Son otros tiempos, de sumatoria, de consenso, de unidad en la diversidad, donde cada quien mantenga su bandera, logos, símbolos y signos, coincidiendo en lograr el desarrollo para la nación. Es que los acuerdos entre fuerzas partidarias antagónicas si no fueron malos anteriormente, tampoco lo han de ser ahora, a menos que el discurso no sea pretender como única la verdad que promovamos y eso, entonces sería sin razón y barbarie, dicho lo cual no podemos más que apostar a un gobierno de unidad nacional como han anunciado Vargas y Medina, al que se suban todas las fuerzas sociales por el bien de Quisqueya, pues el resto sería discurso barato de quienes creen QUE DEBEN SER ELLOS O ENTRA EL MAR.
Arriba, arrimemos el hombro, sin mezquindades, la patria nos aguarda, sumemos y dejemos atrás los rencores.
Hasta un próximo comentario.
Es que los líderes no deben animar resabios, rencores o enemistades que los lleven a poner sus intereses personales por encima del bienestar colectivo y en esa meta cualquier sumatoria y consenso temporal debe ser entendido y asumido si trae consigo planes, proyectos e iniciativas que beneficien al colectivo.
El primero entender la unión de fuerzas, incluso las antagónicas, fue el Doctor José Francisco Peña Gómez, quien orquestó los más variados acuerdos en su plan de un GOBIERNO DE UNIDAD NACIONAL y de igual modo en esos mismos tiempos lo hizo el Partido Alianza Por La Democracia -AHORA P.R.M.- cuando pactó con Leonel Fernández aun en contra de Peña Gómez (que en ese entonces estaba vivo), porque los líderes de la A.S.D. posteriormente denominado P.R.M. entendieron con RAZóN O NO, que dicho acuerdo les beneficiaba o a su visión de País.
Ese mismo tipo de alianzas son las que en la víspera han asumido el Ingeniero Miguel Vargas Maldonado y el presidente Medina, logrando consensos en áreas de interés nacional, las que debemos mirar esperanzados, bajo el entendido de que el P.L..D, el conglomerado blanco ni mucho menos las otras fuerzas políticas pueden lograr de manera independiente y solitaria alcanzar el poder o retenerlo para desde esas instancias acrecentar y mejorar un proyecto de nación.
Son otros tiempos, de sumatoria, de consenso, de unidad en la diversidad, donde cada quien mantenga su bandera, logos, símbolos y signos, coincidiendo en lograr el desarrollo para la nación. Es que los acuerdos entre fuerzas partidarias antagónicas si no fueron malos anteriormente, tampoco lo han de ser ahora, a menos que el discurso no sea pretender como única la verdad que promovamos y eso, entonces sería sin razón y barbarie, dicho lo cual no podemos más que apostar a un gobierno de unidad nacional como han anunciado Vargas y Medina, al que se suban todas las fuerzas sociales por el bien de Quisqueya, pues el resto sería discurso barato de quienes creen QUE DEBEN SER ELLOS O ENTRA EL MAR.
Arriba, arrimemos el hombro, sin mezquindades, la patria nos aguarda, sumemos y dejemos atrás los rencores.
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