El semanario londinense The Economist , fundado en 1843, publicó esta
semana un artículo sobre la reforma fiscal en la República Domincana en
que atribuye parte de la responsabilidad del déficil fiscal de 187,000
millones de pesos a "la borrachera preelectoral" del expresidente Leonel
Fernández.
Citada con frecuencia por Fernández en sus discursos como recurso de
autoridad en materia de juicios sobre la economía dominicana, The Economist critica
ácidamente el gasto público y menciona como ejemplos de esto el
personal diplomático supernumerario en los Estdos Unidos y el salario
del gobernador del Banco Central, Héctor Valdez Albizu.
A continuación, publicamos la traducción libre del artículo
aparecido en la edición digital en inglés con fecha 24 de noviembre.
República Dominicana
La República Dominicana ha conocido un sano crecimiento económico en
los últimos años. Pero, al mismo tiempo, es uno de los raros países de
América Latina donde la distribución de la riqueza ha devenido más
inequitativa durante el último decenio. En parte, porque el Estado hace
poco por ayudar a los pobres: la presión fiscal, un 12,8 % del PIB, es
la tercera más baja de la región. Para agravar las cosas, el presidente
Danilo Medina, quien asumió el cargo en agosto pasado, encontró que el
déficit fiscal será este año de 8 % del PIB en lugar del 5 % que el
gobierno anterior había proyectado.
Esto se explica en parte en la borrachera preelectoral de Leonel
Fernández, el predecesor y aliado de Medina. Pero también en el alto
subsidio al sector eléctrico, los elevados precios del carburante y en
la obsolescencia de las plantas, a lo que se agrega el robo crónico y
generalizado de la electricidad. Al ralentizarse el crecimiento se ha
ralentizado el de las recaudaciones fiscales.
La respuesta de Medina ha sido ordenar el aumento del impuesto a la
transferencia de bienes industrializados y servicios (ITBIS) de un 16 % a
un 18 % y ampliar su base de aplicación. Asimismo, aumentó fuertemente
el selectivo a los cigarrillos y el alcohol. Esto enfureció a muchos
dominicanos, generalmente bastante apáticos. Los empresarios prevén una
fuerte baja de las ventas y miles de personas han salido a las calles a
protestar. La cólera creció cuando la policía mató a un manifestante.
En lugar de una subida de impuestos, los manifestantes quieren que se
reduzca el gasto. Y han acusado a Fernández, quien había sido popular
durante mucho tiempo, de crear el déficit a través de la corrupción y
de ocultar su gravedad. No hay evidencias que involucren directamente a
Fernández, por lo que hace poco el procurador general desestimó una
denuncia de corrupción presentada en su contra por un político de
izquierda.
Pero, ciertamente, el dinero fluye por el gobierno dominicano como si
lo hiciera por un colador. El Foro Económico Mundial, una entidad
suiza, sitúa al de la República Dominicana como el gobierno “más
despilfarrador de los fondos públicos”. El Estado contrata a mucha gente
en puestos de trabajo no esenciales –tiene más diplomáticos en los
Estados Unidos que Brasil y los siete países centroamericanos juntos— a
los que paga generosamente. El gobernador del Banco Central gana un
salario 32 % mayor que Ben Bernanke, el presidente de la Reserva Federal
estadounidense. Mientras tanto, el gobierno no cumple con el mandato
constitucional de dedicar el 4% del PIB al ineficaz sistema educativo.
Medina ha hecho algunos gestos simbólicos para racionalizar la nómina
pública. Destituyó al contralor general después de que trascendiera que
recibiría una altísima pensión por el cargo que desempeñó en el
gobierno anterior; asimismo, ha evitado el séquito del que se rodeaba
Fernández en sus viajes al extranjero. Pero en 2013 la nómina del
sector público se incrementará en un 2,4%.
A pesar de las protestas, es probable que la reforma fiscal de Medina
pase porque su partido tiene una mayoría sólida en el Congreso. El
gobierno confía en que los cuatro años que faltan para las próximas
elecciones sea tiempo suficiente para que los votantes olviden. De todos
modos, Medina ha sido advertido: es necesario reformar el sector
público para hacerlo más austero y eficaz y ofrecer a los dominicanos un
suministro de electricidad confiable y buena educación. De lo
contrario, los manifestantes podrían atacar de nuevo.

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