Los argumentos presentados por el expresidente Leonel Fernández en su
discurso del pasado martes 13 para justificar el déficit fiscal "no son
de recibo", según la opìnión de Juan Carlos Hidalgo, analista de
Políticas Públicas para América Latina del Cato Institute, un
"laboratorio de ideas" de la derecha política estadounidense que, no
obstante, fue considerado en el 2010 como el quinto más influente en el
mundo por un estudio de la Universidad de Pensilvania.
"El argumento de la baja recaudación fiscal como porcentaje de la
economía es una falacia a la que usualmente recurren políticos y
burócratas internacionales para justificar más impuestos", dice Hidalgo
en su artícul, publicado en el portal de la organización.
El ex presidente dominicano Leonel Fernández pronunció un inédito
discurso a la nación el pasado martes donde buscó justificar el hecho de
que su gobierno dejara un enorme déficit fiscal consolidado del sector
público que se proyecta en un 8,5% del PIB para este año. Dicho déficit,
al que algunos dominicanos más bien se refieren como un hoyo fiscal, ha
sido la razón por la que el nuevo presidente Danilo Medina presentara
al congreso —y lograra que se aprobara en unos cuantos días sin mayor
discusión— un masivo paquete de impuestos que promete castigar los
bolsillos de todos los dominicanos y fomentar aún más la informalidad en
la economía de ese país.
Los argumentos del ex presidente Fernández no son de recibo. En
particular resulta irresponsable su justificación del déficit afirmando
que se trata de una combinación de factores que escapan del control del
gobierno, como una caída en los ingresos tributarios y un aumento en
erogaciones imprevistas. ¿Acaso no cuenta el gobierno con economistas y
especialistas en finanzas estatales que pudieron haber advertido sobre
cómo las transferencias anuales al sector eléctrico y al Banco Central
iban a resultar mucho más altas de lo originalmente estimado? Peor aún,
Fernández infirió que, al haber financiado gasto en infraestructura aún
cuando resultaba financieramente insostenible, los dominicanos más bien
deberían sentirse orgullosos de la “inmensa y memorable obra” de su
gobierno.
Los argumentos del ex presidente Fernández no son de recibo. En
particular resulta irresponsable su justificación del déficit afirmando
que se trata de una combinación de factores que escapan del control del
gobierno, como una caída en los ingresos tributarios y un aumento en
erogaciones imprevistas. ¿Acaso no cuenta el gobierno con economistas y
especialistas en finanzas estatales que pudieron haber advertido sobre
cómo las transferencias anuales al sector eléctrico y al Banco Central
iban a resultar mucho más altas de lo originalmente estimado? Peor aún,
Fernández infirió que, al haber financiado gasto en infraestructura aún
cuando resultaba financieramente insostenible, los dominicanos más bien
deberían sentirse orgullosos de la “inmensa y memorable obra” de su
gobierno.
Pero me quiero referir a uno de los argumentos del ex presidente
Fernández que no tienen sustento económico: Que el gobierno en República
Dominicana solo recauda un 12,7% del PIB en impuestos y, siendo un
Estado tan pobre fiscalmente, es imposible que genere desarrollo y
progreso.
El argumento de la baja recaudación fiscal como porcentaje de la
economía es una falacia a la que usualmente recurren políticos y
burócratas internacionales para justificar más impuestos. Es un
indicador que, por lo general, no nos dice nada ya que es sumamente
inadecuado para medir el verdadero peso del fisco en la economía.
Veamos: si el gobierno decidiera establecer un impuesto del 80% sobre
una actividad económica, lo más probable es que dicha actividad
desaparezca del mercado formal ya que difícilmente alguien entraría
legalmente a un negocio si tuviera que pagar un impuesto tan alto.
Impuestos altos y engorrosos fomentan la evasión y la elusión, por lo
que generan pocos ingresos y, por consiguiente, dan la impresión de que
existe una baja carga tributaria. Así, un país bien puede tener altas
tasas impositivas y una baja carga tributaria.
Lo absurdo del indicador de la carga tributaria quedó reflejado en el
mismo discurso de Fernández, cuando éste admitió que en la última
década se implementaron 9 reformas fiscales en República Dominicana y la
presión fiscal “quedó prácticamente estancada”. Cabe cuestionarse
entonces cuán confiable es este indicador que no parece responder a la
aprobación de más impuestos. Si la carga tributaria no aumentó con la
implementación de 9 paquetes de impuestos en 10 años, ¿por qué esperar a
que lo haga con la recién aprobada reforma fiscal?
Lo más apropiado a la hora de medir el peso que los impuestos tienen
sobre una economía, es mirar las tasas impositivas y la complejidad en
el pago de estos. En el caso de República Dominicana, los impuestos no
son bajos. Todo lo contrario, se encuentran dentro del rango de otros
países latinoamericanos. La tasa del impuesto de la renta sobre las
personas y las empresas es del 29%. El ITBIS (equivalente al IVA) es del
16% y subirá al 18% con el nuevo paquete de impuestos de Medina. Además
existen otros impuestos con tasas de hasta el 30% sobre los servicios
telefónicos y de Internet.
De acuerdo al informe Haciendo Negocios del Banco Mundial, República
Dominicana se encuentra en la posición 98 entre 185 países en cuanto a
la facilidad en el pago de tributos. El empresario promedio dominicano
gasta 324 horas al año calculando y pagando sus impuestos. Esto implica
que aún cuando un empresario quiere cancelar los tributos que le
corresponden, el pago de estos se convierte en un calvario. Simplificar
el sistema tributario dominicano contribuiría a aumentar la carga
tributaria, sin necesidad de aumentar o crear un solo impuesto.
En cuanto a tasas impositivas totales sobre el sector privado, este
mismo reporte indica que en República Dominicana el empresario promedio
paga en impuestos (renta, laborales, etc.) un 42,5% de sus ganancias,
similar al empresario en los países desarrollados de la OCDE (42,7%). Es
decir, los empresarios dominicanos ya pagan impuestos de primer mundo.
La interrogante es si reciben servicios del primer o tercer mundo.
Resulta interesante que a la hora de justificar más impuestos,
Fernández mencionó los casos de países que cuentan con una mayor presión
fiscal que República Dominicana, incluyendo a dos de los más pobres de
América Latina: Nicaragua y Bolivia. Incluso afirmó que África, “el
continente con menor desarrollo del planeta”, la carga tributaria es más
alta que la dominicana. Sin embargo, salta la interrogante: si más
impuestos equivalen a mayor prosperidad, como nos dice Fernández, ¿cómo
es posible que estos países tengan cargas tributarias más altas y aun
así sean más pobres que los dominicanos? Resulta entonces evidente que
el enfoque simplista de equiparar la carga tributaria con desarrollo
económico es desacertado.
El ex presidente Fernández cita selectivamente las recomendaciones
del Fondo Monetario Internacional para afirmar que no hay nada
sorpresivo en este aumento de impuestos. Sin embargo no mencionó,
convenientemente, que dicho organismo ha señalado al aumento del gasto
público del 40% en el último año como el principal responsable del
enorme déficit fiscal. Más aún, el FMI criticó la “ausencia de
transparencia” en las operaciones presupuestarias de la administración
Fernández.
Y es que la realidad no puede ocultarse con un discurso: El Estado
dominicano es uno de los más corruptos y clientelistas de América
Latina. Según el Índice de Competitividad Global del Foro Económico
Mundial, República Dominicana se encuentra en la última posición de 144
países en cuanto al desperdicio en el gasto gubernamental. También se
encuentra de último en cuanto al favoritismo de las autoridades
gubernamentales y de 138 en cuanto a la malversación de fondos públicos.
Si hay un país donde no se justifica un nuevo aumento de impuestos es
en República Dominicana.
En su discurso Fernández tampoco mencionó cómo en su gobierno había
334 viceministros distribuidos en 20 ministerios, o que el servicio
exterior dominicano se encuentra entre los más grandes del hemisferio
con 1.163 diplomáticos distribuidos en 60 embajadas y consulados, o que
en República Dominicana hay 600.000 funcionarios públicos para tan solo
10 millones de habitantes.
La realidad es que la “inmensa y memorable obra” de Fernández es
haber dejado un Estado altamente derrochador, clientelista y corrupto
que ahora se encuentra al borde de la bancarrota. Una verdadera reforma
fiscal habría empezado por poner orden en el gasto, recortando todos los
rubros que son innecesarios y simplificando el sistema tributario del
país. Sin embargo el presidente Medina optó por la vía fácil de más
impuestos para seguir sufragando el despilfarro. Eso no es una reforma
fiscal; es un paquete de impuestos.

Publicar un comentario
HablandoClaro.net se reserva el derecho a publicar los comentarios a este articulo si los mismos no observan el respeto y a la ley del mismo.
Este blog no admite comentarios anónimos.
Se ha habilitado la moderación de comentarios.
Todos los comentarios deberán ser aprobados por el autor.